La soberbia de Maria
Oculto entre el ramaje asoma un amarillo capullo de finas paredes. Dentro se retuerce y forcejea Maria, por fin muestra sus pequeñas antenas, saca la cabeza, el cuerpo y despliega con desmedida vanidad, sus coloristas alas.

Vuela y con perfidia presume de su hermosura. Se burla con enfado de las flores, que en la cálida estación, exhiben su brillante tonalidad compitiendo con ella.
Engreída; desprecia a roedores, lagartijas y lombrices que por la tierra se arrastran, mariposa coqueta describe en el aire mil alocadas piruetas, buscando que la admiren.
Unas veces sigue el impulso del viento, otras imprudente lo traspasa y se introduce en lo desconocido, de repente tropieza con una red de finos y trasparentes hilos donde queda trabada.
Hoy con sus alas extendidas, sujetas con alfileres, permanece sin vida en la vitrina de un coleccionista.
Francisco de Quevedo dice: ‘La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió’.
16 de Febrero, 2009 - 3:51
las flores so muy feas hasta me dan alergias al verlo o al tocarlo
adios
6 de Diciembre, 2009 - 0:51
Cecilia que pena me das.
A mi sí que me salíó urticaria al leer tu infortunado y amargado comantario.
No sé tu edad, si eres pequeña, trata de ver lo bello en todo lo que vean tus tiernos ojos y no hagas comentarios sin pensar antes lo que escribes.
No existen flores feas. Ten mucho cuidado, existen mentes tontas.
Si eres mayor…Reconcíliate con la vida o ve rápido a un siquiatra créeme que lo necesitas.
Marimar