Alfambra - alfambrinos
Camino de ‘La Roja’ (Al Hambra). Alfambra, cuyas tierras en su mayoría de roja arcilla colorean de esta tonalidad el término que todavía en septiembre se alterna con el verde de sus muchos álamos que sisean con el viento el murmullo de sus espesas hojas.
En mi tranquilo acercamiento a la villa, no me pude substraer al hechizo de sus campos de intenso aroma a dulzona melaza que las ‘pacas’ de paja de trigos y cebadas recién segada exhalan, para permanecer atrapada en la suave brisa pura y sana que se funde etérea con los aromas de montaña.

Me adentré en el labrantío, pisé la paja, corta y aplastada todavía emitía un leve y crujiente sonido a la par que daba una mágica sensación de dorado tapiz.
Al fondo el castillo de Alfambra a cuyo extremo, independiente, se alza el Sagrado Corazón de Jesús con sus brazos extendidos en clara actitud de amparo al fértil valle y sus gentes, que en el año 1956 fue inaugurado. Esta obra pertenece a la devoción y trabajo físico de los alfambrinos, quienes intervinieron en su realización con pocos medios en maquinaria de trabajo, - se podría decir que casi todo a mano - (plazoleta donde se asienta, escalinata y pedestal). La obra escultórica de piedra tallada traída expresamente de las canteras de Novelda (Alicante) fue realizada por Antonio Rodríguez, alfambrino de nacimiento, en sus talleres de Calatayud (Zaragoza).

Su altura total se estima en 25 metros desde su base (Escalinata de trece peldaños, pedestral y figura).
En otro lugar de mi recorrido por Alfambra di con “El Sueño”, como los lugareños, personas de ingenio, pusieron a la perspicaz silueta de un tren con pasajeros, forjado en hierro, que sobre el viaducto de la línea de ferrocarril que se construyo sobre el año 1928 entre Teruel y Alcañiz, pasando por Alfambra y cuya peculiaridad totalmente llamativa es que realizado todo el trabajo e inversión ¡Nunca llego a ser utilizada!

Perspectiva que simboliza otro de los emblemas de la historia más reciente de esta localidad tan fecunda en peculiaridades que hacen atractivo el ‘anidar’ unos días para disfrutar, junto al buen comer, en cualquier época del año.
La naturaleza me rodea y el silencio en mañana de sol que un desmayado viento refresca, envuelve los últimos ardores del verano luchando por impedir el paso del otoño, que perezoso se aproxima por estas latitudes…eso puede ser otra historia que recapitular.
21 de Septiembre, 2007 - 20:03
Francisco Ponce solo una persona de su sensibilidad podría identificarse tan acertadamente con la pasión que sentimos algunos alfambrinos cuando pisamos las tierras que nos vieron crecer, en nuestro corazon guardamos siempre sitio para los amigos, y usted lo es de muchos de nosotros.
gracias miguel morata