Leche merengada, canela y limón

El Abrelatas, enunciado del escritor Francisco Ponce,
en el periódico Hoja de la tarde,
publica el presente artículo el día 04-10-07.

Entrado ya el otoño parece que todas las actividades regresan a su normalidad, a lo cotidiano, atrás queda ese bochorno de la época veraniega y con él los buenos recuerdos, que con un punto de exageración, hemos venido contando a nuestros amigos, de lo contrario no tendría gracia.

Leche merengada, canela, limón y horchata, son sabores y aromas nuestros, el café granizado y la sangría, que fresquita y ligera pasa atrevida por nuestra garganta aliviando las altas temperaturas.

Somos pueblo dado a las especias que nos llegaban desde oriente a través de la ruta que pasa por Venecia, Génova y Nápoles; y de todas ellas fue la canela de Ceilán a la que se le atribuye un efecto excitante, la preferida.

Limon, horchata y blanco y negro

Las especias, tomaron máxima importancia en nuestra cocina desde épocas inmemoriales, cuando se descubrió la raíz de la galanga procedente de Sumatra; la malvasía y el picante jengibre, que gozó de las más encendidas alabanzas del valenciano Joanot Martorell en su “Tirant lo Blanc”.

En la tertulia de la sobremesa, luego de una buena y abundante comida o cena, siempre en busca del placer gustativo, el néctar refrescante de estas exquisiteces son aromas que se filtran por las persianas echadas y ponen su preludio a ese duermevela en la mecedora de rejilla color miel, que permite soñar con cosas placenteras. Como la espera de unas nuevas vacaciones.

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