Plaza de la Virgen - Valencia
Leche merengada. Le va en cualquier época del año y si tiene un fondo de café granizado, el deleite alcanza el grado de éxtasis.

La festividad de la Comunidad de Valencia (España) amaneció calurosa, un día muy apropiado para regresar al atardecer, a esas cafeterías de la plaza de la Virgen, donde te pueden servir tan deliciosa exquisitez. Una vez sentado, saqué del bolsillo tres dulces de mazapán que había escamoteado en casa, de la ‘mocaora’ de ‘Sant Donis’. Desplegué con cuidado la servilleta de papel y como un ‘niño’ me dispuse al festín. Andaba en ello cuando una joven de aspecto astroso, sentándose frente a mí y con voz trémula, me preguntó:
- ¿Está bueno…verdad?
La miré a los ojos, advertí un triste brillo y sin saber que decirle solo me salió:
-¿Has comido?
Agachó la vista y en un susurro respondió:
- ¡No!
Tampoco hacía falta preguntarle el ¿por qué?, así que le ofrecí.
-¿Quieres otro igual? - indicándole - de las frutas de mazapán, ¡solo tengo dos!
-Se lo agradecería señor, pero con una ensaimada, ¿si me invita? – quiso dejarlo claro- y si no le molesta mi compañía.

Seguía sin saber como comportarme, me sentí centro de las miradas indiscretas de los ocupantes de las mesas próximas, la gente, a veces, puede ser impertinente. Esto y no otra cosa me hizo reaccionar al percibir la falta de solidaridad y el cuchicheo de tanto ‘méteme en todo’. Llamé al camarero y le rogué que trajera un ‘blanco y negro’ de leche merengada, con una ensaimada grande.
Esperé, por mi mente paso una escena en la que un ser hambriento devoraba la comida con las manos, con desespero y poco cuidado, que tontería, nada de eso ocurrió, con exquisitos modales, utilizando el tenedor y cuchillo, partió la ensaimada al tiempo que despacio degustaba la leche merengada con su fondo de café.
Me atreví a preguntarle.
-¿Eres valenciana?…movió la cabeza afirmativamente.
-¿Sabes que día es hoy 9 de octubre?
-¡Claro! el día de la Comunidad y ‘Sant Donis’, el dia de los enamorados…hace unos años –continuó- me regalaban y también comía, los dulces tradicionales…
Miré las dos ‘frutas de mazapán’ que me quedaban, una bien moldeada, manzana y una rica patata. Se las acerqué lentamente al tiempo que le decía:
-Toma para que las pruebes.

Sacó un pequeño pañuelo, las puso en el centro anudó el mismo en forma de atillo y me dijo:
-Me lo guardo, para recordar que hoy me han regalado las frutas del amor.
Disculpándome, entre en el establecimiento para pagar, cuando salí ya no estaba y sobre la mesa solo encontré una nota escrita en una servilleta que decía ¡Gracias Dionisio!
He vuelto, con este cuatro años, al mismo sitio, a la misma hora y a la misma mesa, nunca más se ha repetido esa circunstancia. Hoy dudo de si fue real o solo una alucinación, pues hace cuatro años aquella fecha había trascurrido muy dura para mí, siendo yo el que precisaba apoyo. Quien sabe si mi propia necesidad se reflejó sobre aquella reluciente mesa de aluminio en la cafetería de la plaza de la Virgen.