Archivo de Junio de 2008

Los arroces valencianos

Lunes, 30 de Junio de 2008

En la Comunidad Valenciana no puede extrañar a nadie la abundancia y exquisitez de los arroces, entrar a enumerar sus muchas formas de prepararlo sería ‘reescribir’ muchos de los libros que con mayor autoridad que la mía, personas expertas de la cocina han publicado.

Los arroces valencianos

La paella (llamada así porque toma el nombre del recipiente que es ‘paella’ y no ‘paellera’) es con diferencia –en sus diversas variedades- el plato más solicitado.

Fíjense el aspecto que tiene la que el cocinero del Hotel Sorolla de Valencia, prepara para los comensales de un importante evento.

¡Quedan ustedes invitados!

Marichu Fernández – México (IX)

Viernes, 27 de Junio de 2008

La escritora de literatura infantil, pone a descansar, en este cuento, la frase que la distingue: “Recordar es volver a vivir” y nos regala otra igualmente ingeniosa “Cantando se vive feliz”, que es magnífica, pues no solo al ‘cantor’ le afecta, también los que escuchan la canción se contagian de la alegría.

Marichu Fernandez

Marichu centra esta narración con dos personajes y les confiere el don de la vida a través de la imagen que de ellos nos describe. Chino a quien uno se imagina ‘caballero andante’ y su hermano Lacio, con fama bien ganada de ‘gruñón’.

¡He aquí el encanto de la música! que nace de una peculiar situación y cuyas notas se elevan más allá del propio pentagrama, hasta conseguir transformarles el alma.

Bueno, al escribir esta entrada-resumen, así lo veo. ¿Quizá estoy en un proceso de regresión sensitiva y de nuevo soy niño?… Confieso que no me importaría.
Cantando

NOTA: Pinchar sobre la margarita para acceder al cuento en ‘pdf ‘ -gracias-.

Valéncia hui – La curiosidad

Jueves, 26 de Junio de 2008

Valéncia hui, diario de la Comunidad Valenciana,
publica el martes 27-05-08 el artículo de Francisco Ponce,
LA CURIOSIDAD, bajo la cabecera ‘El Ventanuco’ del escritor.

La curiosidad

Un jubilado entrado en años, se cansó de mirar las obras públicas desde la valla, junto a otros ociosos al tiempo que ponían ‘verdes’ a los trabajadores, y se dedicó a pasearse de farmacia en farmacia por toda la capital y periferia, para observar cómo tomaban la tensión a los clientes.

Se había aficionado casi por casualidad, un día que bajó a comprar aspirinas y se encontró con un vecino que tenía el brazo dentro de un aparato medidor de presión arterial de esos electrónicos, con sus danzarines e hipnóticos números.

Con disimulo tomaba notas en una diminuta libreta y pudo, al cabo de unos cuantos meses, observar que el número de hipertensos en su ciudad era casi alarmante, cosa que no dejaba de comentar a familia, amigos y especialmente, a los desconocidos con los que se tropezaba en las mismas farmacias. “Ya ve, este chico tiene la máxima en quince coma siete, a pesar de lo joven que todavía es”.

El único inconveniente que tenía aquella práctica, un tanto maquiavélica, que le distraía y divertía era que cuando el farmacéutico le preguntaba qué deseaba, no podía limitarse a contestar que sólo estaba mirando, como si se paseara por una librería o una tienda de ropa, así que acabó dejándose una fortuna en preservativos que era lo único que compraba, en un presuntuoso intento, por dejar en buen lugar su virilidad.

Satisfecha su curiosidad, abandonó esta peculiar tendencia, y hoy su mayor preocupación consiste en que hacer con tantas cajas de profilácticos.

Acudamos a la cita del novelista Enrique Larreta: “Es verdad que cuando se pasan los setenta años, son muy pocas las cosas que nos parecen disparates”.