Sí, pero no, quizá tal vez…
Me encontraba en una importante y marinera localidad del sur de España, donde me había desplazado para realizar una operación comercial considerable.
La venta se realizó, pero el plazo y garantías de pago precisaban un estudio, estudio que muy probablemente no prosperaría, dado lo meticuloso que era mi jefe para asegurarse los cobros.
Así pues, caminaba por aquella hermosa avenida de altas palmeras, entre satisfecha y «alicaída», cuando me tropecé frente a frente, con una de las marisquerías que por aquel
En la carta del restaurante figuraban muchos platos exquisitos, con sus respectivos precios que mantenían un tono relativamente asequible.
La única excepción era el BOGAVANTE. En lugar del precio, la carta decía: “Pregunte al camarero”.
A continuación, algún sagaz parroquiano, de obvia y dilatada experiencia, había escrito con bolígrafo: “Créame, mejor no pregunte”
Seguí su consejo y me acomode al menú turístico, que los tiempos no dan para mucho más.