Francisco Ponce Carrasco

Alfambra

Alfambra, se viste de otoño haciendo suyos los colores de la naturaleza. Logra que en esta época del año los tenues verdes que se aferran en las copas de sus numerosos álamos se transformen en tonos ocres y caldera, lánguidamente, con la placidez que preside estos lugares.

Dentro de unos días el suelo se cubrirá casi en su totalidad de un fulgente amarillo. El viento poco a poco irá reposando las hojas en los márgenes de las veredas. Silenciosa y sumisa, Alfambra, se aprestará a recibir sus blancos inviernos.

Las tierras rojas arrebatan la humedad de la atmósfera para enriquecer su tonalidad. El montículo del castillo y su Sagrado Corazón de Jesús al fondo, preside sempiterno el referente de esta localidad.

Es un sosiego para el espíritu adentrarse por los caminos de tierra hasta las entrañas de sus arboledas, tan vivas como siempre, tan cambiante como siempre.

Con solo disponer de algo de tiempo, un alma soñadora y abierta al goce de los encantos que la naturaleza nos regala, conseguirá que la fantasía se haga cierta.

Esta magnifica localidad próxima a Teruel se acerca a un paraíso terrenal, que debemos conservar, cuidar y legar a nuestros descendientes, para que la belleza tenga siempre nombre de Alfambra.