Francisco Ponce Carrasco

El tiempo pasa inexorable – A TODA COSTA

Una reflexión irónica y profunda sobre la tentación de detener el tiempo y su trampa: sin movimiento no hay vida, ni sorpresa, ni esperanza. El texto concluye que no se trata de congelar la existencia, sino de vivirla con conciencia y humor. (NOTA: de la redacción)

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No pide permiso, no acepta sobornos, no se detiene a escuchar excusas

Avanza con la constancia de un funcionario cósmico que jamás hace huelga. Ante esa evidencia, la tentación es inevitable:

¿Y si pudiéramos detenerlo?

La idea resulta seductora. Parar el tiempo sería como pulsar el botón de pausa en mitad del caos: refrigerar el café antes de que se enfríe, la arruga antes de que aparezca. Un instante perfecto, inmóvil, eterno.

Pero aquí surge la primera trampa: ¿puede existir la vida sin movimiento? ¿Puede latir un corazón en un mundo estancado?

Si el tiempo se detuviera para todos, el universo se convertiría en una exposición de figuras de cera. Personas suspendidas en gestos incompletos, aves detenidas en pleno aleteo, relojes cumpliendo por fin su sueño de no trabajar.

No habría dolor, cierto, pero tampoco habría sorpresa. Ni risas. Ni segundas oportunidades.

El silencio absoluto no es paz: es ausencia… www.franciscoponce.com

 

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