Lagarto… Lagarto… – El Ventanuco

15 agosto 2026 por Francisco Ponce en El Ventanuco, Noticias, Relatos, Todos los artículos

El discreto habitante de piedras calientes, muros soleados y rincones donde la naturaleza parece tomarse un descanso

Hay días para casi todo: el (14 de agosto) es el día de, esas pequeñas criaturas que, sin pedir permiso, se han ganado un hueco en nuestra imaginación.

Esta fecha sirve para recordar su papel en el equilibrio del ecosistema y para reivindicar a un animal mucho más útil de lo que su fama sugiere.

Porque el lagarto no está ahí simplemente para tomar el sol con aire de funcionario en agosto. Es un pequeño cazador que ayuda a controlar poblaciones de insectos y otros invertebrados, y forma parte, a su vez, de la dieta de numerosas aves y otros depredadores. En ese delicado engranaje de la naturaleza, su presencia tiene bastante más importancia de la que aparenta su tamaño.

Hasta aquí, todo bien. La ciencia sonríe. El lagarto también, si es que los lagartos sonríen. Pero llega el ser humano, que tiene una imaginación prodigiosa para convertir cualquier bicho en presagio, y pronuncia las palabras fatídicas: «Lagarto… lagarto».

Ahí empieza el maleficio

lagarto-lagarto

Porque decir «lagarto, lagarto» es una de esas supersticiones que se utilizan para conjurar un mal augurio. Si alguien menciona algo que podría traer mala suerte, aparece inmediatamente el lagarto verbal, como quien toca madera, pero con escamas. «Lagarto, lagarto», se dice, y asunto resuelto. O eso esperamos.

Lo curioso es que el pobre animal no ha hecho absolutamente nada. No ha anunciado desgracias, no ha firmado ningún parte meteorológico, ni se ha confabulado en secreto con las fuerzas de la oposición. Estaba tranquilamente tomando el sol cuando, de pronto, los humanos decidimos cargarle con siglos de sospechas.

Así que quizá este día sea una buena ocasión para reconciliarnos con él

Dejemos de verlo como mensajero de calamidades y devolvámosle su verdadero oficio: comer insectos, formar parte de la naturaleza y calentarse al sol con una tranquilidad envidiable.

Y si alguien dice «Lagarto, lagarto», tampoco pasa nada. El lagarto, probablemente, ni se dé por aludido. Tiene cosas más importantes que hacer: sobrevivir al caluroso verano y seguir siendo lagarto, que ya es bastante trabajo.

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