El “LIO” de la hora, ahora – El Ventanuco

24 octubre 2026 por Francisco Ponce en El Ventanuco, Noticias, Recordando, Todos los artículos, Valencia - España

Dos veces al año, los españoles nos enfrentamos a uno de los acontecimientos más desconcertantes de nuestra existencia: el cambio de hora.

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Sin referéndum y sin preguntarnos si nos viene bien, alguien decide que debemos adelantar o retrasar las agujas del reloj.

¡Y nosotros, obedientes, a cambiar hasta el microondas!

La operación parece sencilla, pero tiene su intríngulis. En primavera nos roban una hora de sueño y en otoño nos la devuelven, como quien paga una deuda atrasada sin intereses. Eso sí, nadie nos compensa las ojeras, el mal humor ni esa cara de haber pasado la noche discutiendo con la almohada.

¿Y cuáles son sus beneficios? Sus defensores destacan el aprovechamiento de la luz natural y el posible ahorro energético.

la hora

Más claridad por la tarde en verano, aunque el ahorro real depende de nuestros hábitos y del consumo de energía. En definitiva, una medida que pretende poner de acuerdo al sol, al reloj y a la factura de la electricidad. ¡Misión complicada!

Pero también hay inconvenientes. Nuestro organismo, que no entiende de decretos ni de agujas, necesita adaptarse.

El sueño, el apetito y el ánimo pueden sufrir pequeñas alteraciones durante unos días.

La pauta más razonable es sencilla: ajustar gradualmente los horarios de sueño, mantener una rutina regular y aprovechar la luz natural. Y, por favor, revisar los relojes de casa, el coche y esos aparatos electrónicos que parecen fabricados para ponernos a prueba.

Mientras tanto, seguiremos preguntándonos por qué no dejamos quieto al tiempo, que bastante deprisa corre ya.

Porque, si el objetivo es ahorrar energía, quizá podríamos empezar por apagar alguna discusión inútil, enfrentamientos “kamikazes”, reducir el cabreo político y dejar de perder el tiempo con tonterías.

¡Aunque para esto último no hay cambio horario que valga!

Francisco Ponce Carrasco