¡GRACIAS ABUELOS! – La Columna

25 julio 2026 por Francisco Ponce en La columna, Noticias, Todos los artículos

Hay personas que han pasado media vida levantándose antes que el sol

columna-sol los abuelos

Personas que cambiaron sueños por obligaciones, caprichos por responsabilidades y descanso por trabajo. Hoy las llamamos «mayores». Ayer eran simplemente nuestros padres. Hoy, además, son los abuelos de nuestros hijos.

Dicen que uno empieza a ser mayor a los sesenta y cinco. No sé quién puso esa cifra. Conozco <<Jóvenes>> de ochenta que hacen planes para el año que viene y <<viejos>> de cuarenta que llevan décadas renunciando a vivir. Quizá la edad no la marquen las arrugas, sino las ganas de seguir ilusionándose.

abuelo activoSin embargo, también llega un momento en que los papeles cambian. Quienes un día cuidaron de nosotros necesitan ahora nuestra atención. Quizá sus piernas ya no respondan con la misma agilidad, la vista se haya vuelto más caprichosa o la memoria juegue alguna mala pasada. Pero existe una carencia mucho más dolorosa que cualquier limitación física: la soledad.

Ningún abuelo debería sentirse una carga ni esperar durante días una llamada, una visita o una conversación. El cariño sigue siendo el mejor medicamento conocido y, además, carece de efectos secundarios. Una hora de compañía vale mucho más que cualquier regalo costoso.

En España existe un ministerio que nunca aparece en los organigramas oficiales y, sin embargo, rescata más economías familiares que muchas medidas gubernamentales. Se llama «la pensión del abuelo». Gracias a ella se paga algún recibo, se llena más de una nevera, se ayuda a un hijo que no llega a fin de mes y se consiente a unos nietos que, curiosamente, nunca encuentran excesivo el importe del sobre de cumpleaños.

El dinero se recupera, los objetos se sustituyen y los problemas terminan pasando. Las conversaciones que nunca tuvimos, los abrazos que aplazamos y las visitas que dejamos para «otro día» desaparecen para siempre.

pareja de abuelos

El Día de los Abuelos no necesita grandes discursos. Solo una llamada más larga, una visita inesperada, un paseo sin prisas o un café compartido. Porque llegará un momento en que daríamos cualquier cosa por escuchar una vez más esa voz que tantas veces dimos por segura.

Una sociedad no se mide solo por cómo trata a sus niños, sino también por cómo abraza y favorece a sus mayores.

Este es el matiz que busca el presente escrito: Que el lector no solo esté de acuerdo con el artículo, sino que, al terminar de leerlo, sienta la necesidad de llamar a su abuelo, abrazar a su madre o visitar a ese vecino mayor que hace días no sale de casa.

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