La Pachamama – Cosa Fina (Magazine)

1 agosto 2026 por Francisco Ponce en Eventos culturales, Noticias, Todos los artículos, ¡Cosa fina! Magazine

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Cada día uno de agosto, la Pachamama recibe saludos, ofrendas, agradecimientos y hasta promesas de portarse mejor.

Hay quienes entierran comida, quienes brindan con caña con ruda y quienes, por las dudas, cumplen con el ritual porque «nunca se sabe».

La Madre Tierra, mientras tanto, sigue haciendo lo suyo: girar, sostenernos y soportarnos con una paciencia que ya quisiéramos para las filas del banco o el tráfico de un lunes.

La celebración tiene raíces ancestrales y nos recuerda algo bastante elemental: vivimos gracias a un planeta que nos presta todo. Lo curioso es que somos expertos en homenajear a la Tierra durante un día… y ponerla a prueba los otros 364.

Le llevamos una ofrenda por la mañana y, por la tarde, dejamos una botella de plástico donde no corresponde o tiramos una colilla de cigarro encendida, con menosprecio hacia los incendios.

La felicitamos por todo lo que nos da mientras discutimos si realmente hace falta separar los residuos o ahorrar un poco de agua. Es una relación algo extraña: amamos la naturaleza, siempre que no interfiera con nuestra comodidad.

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Tal vez la Pachamama tenga un sentido de tolerancia inagotable. Porque, de otro modo, sería difícil explicar cómo sigue apostando por una especie que tala bosques para imprimir folletos sobre el cuidado del ambiente, o que organiza congresos ecológicos donde cada asistente recibe tres botellas desechables y un bolso de plástico con el logo del evento.

Sin embargo, la buena noticia es que la Tierra no necesita héroes de película ni discursos políticos grandilocuentes.

Le alcanzan millones de pequeños gestos cotidianos: consumir con más criterio, desperdiciar menos, plantar un árbol, cuidar un río, caminar un poco más y ensuciar bastante menos. No parece una misión imposible; más bien, parece sentido común.

Cuando hay química entre nosotros y la naturaleza es habitual que la contemplación profunda y silenciosa pueda prolongarse indefinidamente, e incluso puede existir la placentera sensación de perder la noción del tiempo.

Después de todo, no existe un planeta de reemplazo…

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