Los auténticos bohemios escasean – La columna

11 enero 2019 por Francisco Ponce en La columna, Todos los artículos

La Columna (Prensa)

Dibujo de Francisco PonceEn cada tertulia literaria o cultural suele aparecer un tipo extravagante, absurdo y simpático, al que todos llamamos “bohemio”, cuya imaginación cabalga a lomos de la primera <<estrella>> que pasa por los cielos de la utopía

Desde que Campoamor aplicó el calificativo de “El último bohemio” a Manuel Paso, se puso de moda, y se utiliza con tanta ligereza como precipitación, acaso pensando que la bohemia, lo que se llama vida bohemia, pudiese caer en desuso.

¿Cambiarán las formas? no lo sé, pero mientras que exista una mujer o un hombre altivo, soñador, independiente, inquieto, desinteresado e improvisador, habrá un “bohemio”, que en constante lucha con su entorno, vivirá sin darle demasiada importancia a casi nada, sin aspirar a un puesto relevante en el escalafón de laDibujo de Francisco Ponce sociedad, ni que lo clasifiquen en catalogo alguno. Le bastará vivir con arreglo a los dictados de su corazón y conciencia, exento de ambiciones o envidias, viendo pasar el teatro de la vida sin participar como actor destacado, alejado de la gloria del <<postureo>>, que solo es patrimonio de los ignorantes, atrevidos o quizá afortunados.

El “bohemio” por serlo, está en el secreto de todo o casi todo, y no tiene más meta que su trabajo y más consuelo que su verdad, con frecuencia acomodaticia.

Desertor de todas las escuelas y tendencias, de todas las sectas, de todas las doctrinas y de todas las ideas ajenas, no pretende ser nada, sino él mismo. La independencia de su alma es lo único que le obsesiona en este universo, conociendo de antemano que esa autonomía le convertirá en un ser perpetuamente solitario, en ocasiones petulante, al que no se le tomará demasiado en cuenta y se le etiquetará como extraño.

Sin embargo el “bohemio” dentro de su aparente insolencia es tímido e introvertido como todos los seres que no están enamorados de sí mismos. Es iconoclasta y sentimental, cree en la desesperanza y en la providencia y piensa, no importa su edad, que ha vivido mucho o lo suficiente, para opinar que en nuestro mundo, nadie es otra cosa… que aquello que los demás quieren que sea.