Bailar al son que nos “tocan” – Cosa Fina (Magazine)

28 abril 2026 por Francisco Ponce en Todos los artículos, ¡Cosa fina! Magazine

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Un “arte” que convierte el cuerpo en lenguaje y el movimiento en libertad.

Cada 29 de abril celebramos el Día Internacional de la Danza por cuanto en la España de hoy, más que bailar, lo que hacemos es seguir una coreografía que alguien más ha decidido, con pasos repetidos, música en bucle y un público cada vez más cansado de la función.

La política nacional se parece sospechosamente a un concurso de baile de larga duración: mismos participantes, mismos tropiezos, mismo jurado que cambia de criterio según el día. Los ciudadanos, por su parte, asistimos entre el aplauso resignado y el bostezo elegante, mientras intentamos no perder el ritmo en una pista que se inclina peligrosamente hacia el desconcierto.

En el plano social, la cosa tampoco mejora. Hemos pasado del “todos a una” al “cada uno como pueda”, que no es precisamente un estilo coreográfico reconocido. La cohesión se ha vuelto una danza contemporánea difícil de interpretar: muchos gestos, poca sincronía y una sensación constante de que nadie sabe muy bien hacia dónde va el espectáculo.

Y luego está el mundo laboral, ese gran escenario donde la estabilidad parece una pieza de museo. Contratos que duran menos que una canción de verano, sueldos que no alcanzan ni para el ensayo general y jóvenes que encadenan trabajos como si fueran pasos de break dance: con mucha energía, pero poco avance real.

poner danza

El famoso “ascensor social” está más bien parado entre plantas, y sin música de fondo.

Lo curioso es que, pese a todo, seguimos bailando. Porque no queda otra. Nos adaptamos al ritmo que nos marcan, improvisamos cuando la música falla y sonreímos al público, aunque sepamos que el guion hace tiempo que perdió sentido.

Quizá ahí reside nuestra mayor virtud (o nuestro mayor problema): en esa capacidad infinita de aguantar la coreografía sin bajarnos del escenario.

Tal vez este Día de la Danza sea buen momento para preguntarnos si queremos seguir interpretando la misma pieza o si, por una vez, nos atrevemos a cambiar la música.

Bailar está bien, pero elegir el baile estaría bastante mejor.

Francisco Ponce Carrasco