Perdón, eres perfecta
Martes, 21 de Agosto de 2007
- Perdón.
- …¿Si?
- Te amo.
- …eh…pero si no nos conocemos.
- Por eso. ¡Eres perfecta!
Ilustración: del autor

- Perdón.
- …¿Si?
- Te amo.
- …eh…pero si no nos conocemos.
- Por eso. ¡Eres perfecta!
Ilustración: del autor
Empiezo mi E-mail informándote de que tal y como me pediste, me pase por tu casa para ver como estaban las plantas. Tengo que darte una mala noticia, y al decírtelo no puedo suavizártelo con flores, porque no te queda ni una.

Tu jardín en estos momentos esta desforestado, palabra poco agraciada, que nos hace imaginar tierras secas y calcinadas, como es el caso. Con decirte que hasta el amor de hombre, que tiene fama de planta tenaz y dura, no ha podido resistir los calores del verano.
Sin embargo, el de tu vecina con quien no te hablas esta repleto de geranios, rosas, margaritas, hortensias y otras plantas y flores que se aproximan a un vergel. Quiero recordar que no hace mucho leí algo sobre el ‘alma’ de las plantas y aunque se trata de vegetales, no anda corto de sentido común.

Parece pues que las plantas necesitan mimo, que a su alrededor se escuchen voces de niños jugando, que su entorno sea educado y sensible e incluso que se les hable haciéndoles participe de nuestras alegrías. Igualmente se sienten halagadas si les mostramos nuestro agradecimiento por regalarnos con sus coloridos y aromas nuestros sentidos que se llenan de gozo al contemplarlas. Quizá tu vecina pone en práctica todo esto a la vez, que no se olvida de los riegos los abonos y el resto de cuidados y atenciones para la conservación de su jardín.
Tenemos una humanidad ya de por sí pobre en asideros morales, vacía de sacrificio, aunque sea por unas simples plantas y sin resortes de confianza y voluntad.
Es posible que cuando regreses te entre la ‘depre’. Que te durara poco porque tu las repondrás por otras hasta que otro verano las dejes a su suerte muertas de sed y de hambre.
Puede que te sigas quejando, sin razón, de tu mala fortuna con las plantas, pero si con lo que te cuento consigo que tú, o alguna persona reflexione y no abandone su jardín, quizá habremos conseguido humillar menos a la naturaleza.
Cuidar el medio ambiente y la naturaleza, no debe ser una ‘pose’ sino una filosofía que poner en práctica empezando por uno mismo.
Ilustraciones del autor
Fresa roja, rojos labios de mujer. Es tu color grana, carne jugosa y dulce. Que embeleso produce tu figura de peonza, que placer saborearte ¡sola!, o en ¡jugo de naranja!, o con ¡nata! o con ¡miel!.

Brilla, tu cuerpo suculento de sabor agridulce, eternamente seductora, te regalas exultante, calida, sensual con entreabierto perfil. Rojos labios de mujer, fresa roja.
Mirándome con fijeza me eligió, con su fuerte mano fui arrancada de entre mis hermanas, sentí sus dedos clavados en mi cuerpo, fieros y dóciles a la vez, mientras, fue quitándome poco a poco con suavidad mi piel naranja, hasta que le mostré desvestida y abierta, el encanto de mi dulce interior.

Cuando sus labios entraron en comunión con mi cuerpo, sentí que su lengua desenvainada y oscilante me provocaba un fluir de incontenibles jugos. No descansó hasta encontrar el más recóndito de mis sabores. Luego adivine que iba a ser suya, gajo a gajo me introdujo en su boca y me encontré dentro de su cuerpo. Naranja, desnuda de piel naranja.
La habitación huele a madera rancia, una puerta vieja franquea la salida al balcón que apunta a una calle estrecha y húmeda. Cada amanecer, por la abertura que hay en la parte superior, se filtra un haz de luz que me invita a escapar e iniciar la diaria aventura de vivir. Inválida en la cama, dejo volar el alma para que viva por mí.

Ilustración: del autor.
Lo compré en una librería del mercadillo, y era un libro vetusto y apergaminado. Sus páginas amarillentas debían de haber sido muy repasadas a juzgar por el aspecto que ofrecían. ¿Para que decir qué el libro era una novela de amor?
Hojeándolo hallé dentro del mismo una flor seca, testimonio sin duda alguna, de que una mujer allí guardo aquel recuerdo melancólico y poético. La ternura femenina había puesto su sello dejando con aquella flor una huella romántica.

¿Cuántos sueños no habrían despertado en su momento aquel libro? ¿Que cantidad de ilusiones y esperanzas…? testigo de todas ellas era aquella flor olvidada. Hoy la vida es más pragmática, y los sueños no se encierran en libros, quizás tampoco se escriban tantos libros de marcado carácter romántico, que inspiren dejar en su interior una flor.